“No One Will Go Hungry”
Con esa frase como lema, BHAI TRILOCHAN SINGH PANESAR (1937-2010), inspirado por la obra de la MADRE TERESA, creó un equipo de voluntarios SIJS con el fin de atender las necesidades más elementales de las personas sin techo en la ciudad de Delhi (India). Cada mañana un grupo de estos voluntarios, bajo las directrices de sus hijos PREMJIT SINGH PANESAR y KAMALJEET SINGH, atienden y alimentan a varios miles de personas desahuciadas, enfermas, heridas o hambrientas, en las inmediaciones de CHANDNI CHOWK, frente al GURUDWARA SIS GANJ SAHIB en Old Delhi.
07.00 am. Amanece un nuevo día en Chandni Chowk, seguramente la calle más popular de Old Delhi. Cientos de personas han pasado la noche al raso, sin un techo bajo el que refugiarse, acurrucados sobre una vieja manta, un trozo de saco, o directamente sobre el suelo. Son las castas despreciadas, los homeless, los intocables, que en un número aproximado de 7000 habitan en algún lugar de las laberínticas calles de la vieja ciudad de Delhi.

Las persianas de los comercios siguen bajadas y las calles muestran una extraña tranquilidad frente al caos habitual. En algunos puntos se van formando pequeñas aglomeraciones de homeless a la espera del desayuno que el grupo de voluntarios les ofrece cada mañana, un trozo de pan y un vaso de Masala Chai, el delicioso y apreciado té indio.
Poco a poco las aceras van siendo ocupadas por algunas personas que están heridas, enfermas o lisiadas. Vienen a revisar sus dolores, a calmar sus angustias, a curar sus heridas o a cambiar sus vendajes. Se sientan a esperar silenciosa y ordenadamente, como quien debe cumplir con un ritual.
Los médicos y sanitarios del grupo de voluntarios de Bhai Trilochan Singh Panesar empiezan a llegar, ocupan sus puestos en la calle y preparan todo el material con el que atenderán a los afectados.
Van llegando los primeros, algunos muy graves, un hombre con los pies llagados y llenos de suciedad, una mujer con una enorme herida en la rodilla, que está hinchada y llena de pus. Horizontes perdidos, miradas de esperanza.
A pesar de su precaria situación, la mayoría de ellos ha aprendido a valerse por si mismos, a prepararse para la cura y son capaces de sacarse los vendajes y lavarse las heridas. Facilitan la labor de los sanitarios y agilizan el tiempo. Hay muchos compañeros esperando.
Se limpian las calles y se lavan las heridas.
Los primeros trabajos: desinfección, desparasitación, prevención y vacunación.
Comienzan las primeras atenciones a pie de calle. Muchas afecciones de ojos. El polvo en suspensión en el aire es habitual en estas zonas.
La multitud va creciendo. Algunos casos requieren una mayor dedicación y es necesario cauterizar heridas o aplicar puntos de sutura.
La calle está ya abarrotada de gente esperando para ser atendida. El trabajo se va acumulando para los voluntarios, que lejos de desfallecer, muestran una mayor energía y vitalidad para poder llegar a todo la multitud.
Jóvenes y mayores, hombres y mujeres, no hay distinción entre el grupo de Sijs. Cada uno cumple con su misión y ayuda como puede, aunque sea para aplicar un simple vendaje.
Para limpiar y sanar las heridas de un cuerpo quemado.
O para realizar una intervención quirúrgica a pie de calle.
Simultáneamente, llegan las primeras furgonetas de la organización con la comida que será repartida entre todos los homeless, que ordenadamente esperarán, acurrucados en el suelo, su turno para comer.
Diariamente y a pie de calle, unos 200 voluntarios proporcionarán comida a los 2500 intocables que acudan a las aceras de Chandni Chowk.
Dos trozos de pan chapati, un cazo de dahl, esas lentejas guisadas con especies, y un poco de agua. Seguramente el único sustento que tendrán a lo largo del día.
Y el doctor Kamaljeet Singh con la mirada atenta, tranquilo e impasible, intentando poner orden y control en una sociedad desbordada por la desigualdad y la injusticia social.
12.00 am. Sin darnos cuenta se nos ha ido la mañana. Hora de recoger.
Las últimas recomendaciones. En la acera los restos de otra jornada en la que ese grupo de voluntarios Sijs, fieles a su hospitalidad y generosidad, a su creencia en la igualdad humana, habrá cumplido con uno de sus grandes principios, donar el 20% de su tiempo y de su dinero al prójimo.
Solo queda dar las gracias y esperar que el ciclo de la vida les permita regresar a la mañana siguiente, donde una vez más todos serán curados y nadie pasará hambre.
© gabriel brau gelabert (2010-2013)
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